Valores que nos invita a trabajar la navidad

Flor Alonso

Asesora y acompañante de familias y proyectos educativos en desarrollo sano infantil y crianza natural.

Más sobre Flor Alonso.

Mi nombre es Flor Alonso Arjona y soy asesora familiar y pedagógica de desarrollo y crianza natural, y fundadora, acompañante pedagógica y formadora en la etapa inicial en Nido Montessori Pikler.

Hoy quiero ofreceros una pequeña guía de Valores que nos son comunes a todas las personas y que condicionan nuestro día a día según el grado de satisfacción de los mismos. Ya que dichos valores son lo que nos dan la identidad como humanos, y estar cerca de ellos nos hace sentirnos en plenitud y armonía con nosotrxs mismxs y lxs demás.

En el acompañamiento que hago a familias y proyectos educativos me gusta aportar mi visión de cómo se puede implementar algo tan abstracto como un ideal o un valor en el día a día de una familia o una escuela. Este paso me parece de suma importancia ya que si no se realiza este esfuerzo para materializar lo teórico podemos sentir falta de coherencia y honestidad.

Cuando una familia opta por la crianza respetuosa entra en un proceso de reeducación personal en el que se replantea todo lo experimentado en su propia vida, y a la vez se encuentra con grandes obstáculos tanto fuera como dentro de sí mismos. Tenemos pocas herramientas para materializar el Respeto en actos cotidianos significativos. No nos criaron así y esto dificulta la satisfacción de esta necesidad.

Aunque desde mi punto de vista me parece importante acotar el término Respeto, ya que  vemos que es utilizado para formas que pueden resultar incompatibles, puede que porque el término se ha relacionado con obediencia y sumisión durante mucho tiempo y esta información está en nuestra mente.

Me gusta el enfoque que relaciona el Respeto con el Amor, otro gran desconocido desde hace ya bastantes generaciones en nuestra cultura. Por ello, y como estamos hablando de Valores Navideños, y el Amor es el origen y el fin de todos, me gustaría hablar de algunos de los ingredientes del Amor incondicional, para poder clarificar hasta qué punto podemos y sabemos satisfacerlos en nosotrxs y en lxs demás.

La Compasión en la familia

Este término está muy marcado por la religión cristiana, tanto que en su definición actual podemos encontrar implícitos la tristeza, la ayuda al prójimo, el sacrificio personal,…. En definitiva, parece que cuando alguien siente compasión por alguien está viéndolo como una victima, y en realidad a lo que hace referencia es a llevar la empatía al grado más alto, y entender hasta tal punto la situación del otro, que nuestro ser se moviliza para ofrecer el apoyo necesario para restablecer el bienestar perdido.

En el día a día, hay un término con menos carga religiosa que nos puede acercar a este valor, y es la Complacencia, y que hace referencia al acto de compartir placer entre dos personas al realizar una acción concreta o con una misma si nos referimos a la autocomplacencia.

A mí me gusta afirmar que “la familia está para complacerse”, al igual que lo ideal es que cada cual tenga el suficiente autoconocimiento para hacerlo consigo mismo. Pues bien, si observamos a la infancia nos damos cuenta que el valor de la autocomplacencia está fuertemente arraigado en ella, aunque al ser dependiente necesita de que los adultos digan sí a sus peticiones. Y en este punto es donde nos encontramos con uno de los mayores miedos como adultos que acompañan la infancia, ¿qué peticiones se consienten ? Si la respuesta fuera TODAS, dentro de unos margenes de seguridad y protección reales, automáticamente viene a nuestra mente la idea de: “eso no puede ser, se convertirían en personas malcriadas, egocéntricas, caprichosas, que convertirán a los adultos que las acompañan en esclavos de sus deseos…”. Sí, es normal que un pensamiento parecido venga a nuestra mente, lo hemos escuchado tantas veces que nos lo hemos creído, aunque algunos estudios antropológicos nos hablan de lo alejada que está esta idea de la realidad. Cuando se han estudiado poblaciones que reconocen a la infancia, la cuidan, la “miman”, la “consienten”,… se han dado cuenta que el resultado es algo radicalmente distinto a lo que los han hecho creer: niñxs y adultos sanos empáticos, amorosos y cuidadosos.

Parece ser que sólo criar en amor incondicional hace que las criaturas experimenten lo que se siente siendo queridas y cuidadas, y que luego se vean impulsadas en devolver lo vivido a los demás.

Ejemplos prácticos sobre esto:

¿Por qué no dejar a alguien que salga sin abrigo a la calle y que experimente la sensación de frío? ¿Porque nos da miedo que se resfríe y que su cuerpo sufra, y que nuestro día a día se vea condicionado?. Genial!, pues es esto de lo que podríamos hablar para que cuando la criatura pueda, empatice con nuestra de tranquilidad, lo que significaría dejar de escuchar su necesidad de autonomía y decisión por necesidad de contribución a nuestro bienestar. Todas las necesidades son igual de importantes, y deben ser reconocida de igual manera, sin darle prioridad a ninguna, con el fín de buscar la complacencia y encontrar el placer mutuo en una estrategia común. Esto es posible en practicamente todas las situaciones, y cuando no lo es, el “duelo” y la frustración que acompañan  al darse cuenta de que no vamos a encontrar la satisfacción que nuestro cuerpo nos pide, es muy diferente cuando lo que te ha llegado del entorno es empatía y reconocimiento.

La mayoría de las veces basta con que anden unos metros sin abrigo para que experimenten el frío y pidan taparse, aunque sea el cuello. ¿por qué no probar diferentes opciones?

¿Por que no dejar a alguien que deje de comer cuando ya no tiene más hambre?

Porque nos da miedo que no esté bien alimentado, que enferme, que no adquiera hábitos saludables de alimentación,..Mi experiencia me dice que la Autorregulación en todos los aspectos de la vida es algo natural en el ser humano, y lo vamos perdiendo a medida que nuestro ambiente deja de escuchar nuestra voz interna e impone la suya. Sé que da mucho miedo confiar en la capacidad de autorregulación de alguien, sobre todo cuando nuestra experiencia de vida está marcada por un acompañamiento condicionado a la nuestra.

Cada persona nace sabiendo lo que le conviene y la naturaleza le da la fuerza y las herramientas necesarias para que lo obtenga de su ambiente. Interferir demasiado en este poder de autocomplacencia es mermar a las nuevas generaciones de una capacidad imprescindible para, algún día, alcanzar la felicidad y la libertad personal.

La Empatía en la familia

«Escuchar simplemente con los oídos es una cosa. Escuchar con el entendimiento es otra distinta. Pero escuchar con el alma no se limita a una sola facultad, al oído o al entendimiento. Exige vaciar todas las facultades. Y cuando las facultades están vacías, es todo el ser el que escucha. Entonces se capta de manera directa aquello que se tiene delante, lo cual jamás podrá oírse a través del oído ni comprenderse con la mente”  

Chuang Tzu, filósofo chino.

La empatía es otro valor que nos conecta con los demás y con nosotros mismos, ya que la empatía no puede llevarse a cabo si no se ha experimentado a través de experiencias cotidianas y significativas de autoempatía.

La empatía requiere estar muy presente, identificar los sentimientos y necesidades que nos mueve una situación, y ser capaces de hacer lo mismo con la otra parte, para desde este punto, lograr una conexión más allá de la solución del problema.

Como se suele decir, salir del personaje de “cerebros con patas” que sólo piensan y actúan, para desplegar nuestro potencial y darle espacio a nuestros sentimientos y necesidades.

Para mí ha sido muy significativa una toma de conciencia que tuve hace no mucho gracias a la CNV (comunicación No Violenta), todo el mundo está en disposición de contribuir al bienestar ajeno cuando sus necesidades están satisfechas, independientemente de su edad o cualquier otro condicionante. Es inherente al ser humano el dar cuando hemos recibido lo suficiente.

Cuando esta creencia la llevamos al hogar, todo se transforma, todas las quejas de las criaturas se traducen en peticiones de ayuda, cada llanto se convierte en un “por favor, escucha”, se acaban las creencias de manipulación, de capricho, para dar paso a la escucha de las necesidades vivas de cada persona deseosas de alguien que esté en situación de satisfacerlas desde el amor, o lo que es lo mismo, sin sacrificio o reproche posterior. Para ello, claro está, los adultos debemos encargarnos de satisfacer nuestras propias necesidades para estar en disposición de dar, y esto significa emprender un largo viaje de reeducación personal para llegar, algún día, a la libertad emocional.

Veamos un ejemplo:

¿Qué hacer cuando el hijo mayor (3 años) quita un material a su hermana menor (1 año) y esta llora?

Para mí, la respuesta siempre es empatía. Ninguna de las acciones es más correcta que la otra, ambos tenían razones y derecho a hacer lo que han hecho. Quizás el de 3 años adora a su hermana y a la vez le sea difícil compartir la vida con ella durante varias horas seguidas, quizás soltó un momento el material y su hermana lo cogió, quizás esté enfadado porque lleva un año escuchando “cuidado”, “así no”, “como hagas ruido despertarás a tu hermana”, quizás haya días que se le hagan insoportables y quiera que desaparezca.

Quizás su hermana vea en él al modelo más perfecto a imitar y quiera hacer todo lo que hace en el mismo momento que lo hace él, quizás le atraiga tanto su compañía que busque su atención constantemente, quizás quiera entender por qué su hermano está enfadado,…

Todo serán suposiciones hasta que no consigamos ponernos en el lugar de cada cual y empatizar, por ejemplo:

– Estás triste porque Miguel cogió la pelota que estabas usando?

– Te gusta mucho jugar con tu hermano, verdad?

– Te gusta reírte con él y jugar, verdad?

– Y ahora a él no le apetece jugar contigo, es así?

– Miguel, no te apetece jugar con Laura ahora?

– Esa pelota la estabas usando y la dejaste en el suelo y Laura la cogió, es eso?

– Y no has sabido pedírsela de otra forma que empujándola, verdad?

– Quizás estás un poco cansado? O te apetezca salir un rato al parque a jugar con otros niños?

– …..

Y entonces, ¿qué hacemos con la pelota?¿quién tiene derecho a cogerla y jugar con ella?. Yo siempre digo, eso es lo de menos, eso no es el trabajo del adulto. Dar empatía hasta que todxs estén satisfechos es la clave.

Muchas personas consideran que un acto en el que un “mayor” agrede a un pequeño debe ser castigado, limitado, regañado, sermoneado, porque si no lo hacemos este acto se seguirá produciendo, y en cierta manera así es. Si coaccionamos a las criaturas a través del miedo a la reacción del adulto es posible que dejen de hacer la acción por no sentir el desamor y enfado de sus cuidadores, es dificíl para un menor sentirse responsable de las emociones de los adultos, más cuando aún no saben gestionar las suyas propias.

Aunque también podríamos pensar a medio-largo plazo y darles un ejemplo de empatía diaria para que un día sean capaces de gestionar sus emociones no por miedo a nuestra reacción, sino por empatía, o lo que es lo mismo, por amor.

Al mismo tiempo, también podríamos observar que necesidades insatisfechas en las criaturas generan la agresividad para en la medida de nuestras posibilidades crear el ambiente propicio para que estas puedan ser satisfechas.

Me gusta recordar que cuando las puertas de las casas no estaban cerradas y era posible salir a jugar fuera, a la calle, subir a un árbol,… lxs mayores encontraban fácilmente la autonomía que necesitaban para desplegar su juego sano. En la mayoría de los casos, esto es prácticamente imposible en la mayoría de las vidas de las criaturas.

Yo soy testigo cada día de que este camino es verdadero, y que dar amor lleva a recibir amor, y  por ello, la invitación va encaminada en indagar sobre qué es realmente la empatía y cómo puede este valor contribuir a mi bienestar propio y el de mi familia y personas de mi entorno, para ello la Comunicación No Violenta es una estupenda herramienta que recomiendo cada día.

La honestidad en la familia

La honestidad, la sinceridad, la coherencia, la integridad, son valores que a muchas personas les gustaría sentir satisfechos en su vida, y si les fuera posible, contribuir a que otras personas también lo hicieran.

En el hogar, se pueden trabajar estos valores a través de acciones concretas, por ejemplo: decir siempre la verdad, no utilizar “tengo que” cuando se intenta convencer a otra persona, no responsabilizarla de nuestros sentimientos,…

Si contextualizamos la honestidad en la Navidad que es la época en la que estos valores se ensalzan, vemos que la misma tradición está llena de incoherencia.

Veamos un ejemplo sobre esto:

¿Por qué decir a las criaturas que  Papá Noel y Los Reyes Magos les pueden traer todos los regalos que piden con la condición de regular su comportamiento?

Son muchas familias las que siguen esta tradición confundiéndola con ilusión, ya que la Navidad es mucho, mucho más que regalos y ajuste de cuentas. Es una época en la que celebrar el amor, que al fin y al cabo es el resumen de todos los valores

En muchas culturas se crearon personajes para manipular el comportamiento infantil, eludiendo la responsabilidad de los adultos en este tema. Es mucho más fácil decir:

– Como le sigas pegando a tu hermana los reyes magos no te van a traer el juego que pediste.

Que hablar de nuestros sentimientos y necesidades:

– Cuando golpeas a tu hermana me siento triste y frustrada porque necesito tranquilidad y amor en mi familia, te parece que veamos juntos otras opciones para descargar tu rabia?

Hacerles creer a las criaturas que hay unos seres superiores que tienen el control sobre sus deseos, y que si juzgan que su comportamiento no ha sido adecuado serán castigados, resulta totalmente incoherente con los valores que intenta ensalzar la Navidad. Sólo pensadlo por unos momentos, o mejor aún, sentidlo, poneos en el lugar del otro.

Ser adultos honestos, empáticos y compasivos es darle el mejor regalo posible a las criaturas que acompañamos ya que esto les dará las herramientas necesarias para entenderse así mismos y a los demás, algo básico si se aspira a tocar la felicidad. Por ello, os animo a que estas Navidades, os animeís a probar y vivir la experiencia de llevar la compasión o la complacencia a cualquier situación que se de en un día, a empatizar durante un día completo o a ser lo más honestos posible en cada frase y acción que abordemos. 

Agradecida de poder compartir estas líneas, os deseo unas felices y amorosas fiestas…y por qué no, Vida.

Flor Alonso

Asesora y acompañante de familias y proyectos educativos en desarrollo sano infantil y crianza natural.

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