Sanar mi niñez para poder conectar emocionalmente con mis hij@s

Sigrid Fadrique

Psicóloga Clínica y Terapeuta Gestalt especializada en Infantil – Juvenil, Terapia Familiar y Maternidad Consciente.

Más sobre Sigrid Fadrique

La maternidad es un camino de crecimiento personal que nos transporta hacia una parte de nosotras mismas escondida en las entrañas de nuestro útero. Una vez empezamos a crear vida, nuestro instinto se activa a una velocidad abismal: Es como una especie de “sensación” que viene acompañada de muchas preguntas sin respuesta.

En su inmensa mayoría de veces, ese “sin saber” no cesa aún después del nacimiento de nuestro hij@. La lista de cuestiones crece por momentos y a eso se le suma la ya mítica consigna “(…) quiero hacerlo diferente a como lo hicieron conmigo”. Quiero pero no puedo. Pero: ¿De dónde viene ese desamparo emocional que me hace dudar de todo?, ¿Porqué no soy capaz de conectar con las necesidades de mis hij@s?, ¿Qué me está pasando?

Para poder acompañar, primero uno tiene que ser capaz de acompañarse a sí mism@. Para que eso sea posible, es necesario mirar la historia que va implícita en cada un@ de nosotr@s, e ir a donde empezó todo: La Infancia. La raíz que define nuestra forma de hacer y funcionar en el día a día para con nuestros hij@s. Y es que los niñ@s nos hacen de espejo, confrontándonos con nuestras carencias de la Infancia; aquello que papá y mamá no nos pudieron dar por el motivo que fuera.

En esta línea, quizás la pregunta a hacernos, sería: ¿Qué hago cuando mis hij@s activan esa vocecilla que tiene que ver con tu niñ@ herida?

Hay muchas formas de hacer frente a ese eco emocional interno pero, solo una capaz de sanar: Mirar dentro de ti y ponerle palabras a lo que sientes y necesitas.

Además del acompañamiento psicoterapéutico, de tener una figura que nos acompañe y sostenga en este proceso de sanación, hay unos pasos que puedes seguir para empezar a sanar tus heridas de la Infancia. Tómate tu tiempo para transitar por cada uno de ellos y recuerda, que lo importante es expresar, vaciar y tomar conciencia:

  • Tomar Conciencia de mis heridas de la infancia.
  • Legitimar hechos, situaciones y emociones de mi Infancia que me hicieron daño.
  • Aceptar y validar aquellas necesidades que no fueron satisfechas.
  • Poner la atención en si hubo sentimiento de soledad en mi niñez y en qué medida (mucho, poco…)
  • Permitirte sentir y expresar rabia, enojo, ira y contactar con la tristeza de aquell@ niñ@ herida.
  • Empatiza con papá y mamá.
  • Transformación Responsabilízate de ti mism@, arropando y satisfaciendo a tu YO niñ@.

Las emociones son el camino mediante el cual podemos permitirnos expresar aquello que sentimos y necesitamos: Esta afirmación es válida tanto para adultos como para niñ@s. Entonces, ¿Porqué en su inmensa mayoría de veces los adultos tenemos esa tendencia a acallar las emociones de los niñ@s? Respuestas hay muchas: Por el “qué dirán”, porqué a ojos del adulto no es forma de comportarse, porque no quiero que mi hij@ sea un maleducado, para obtener la aprobación de los demás, etcétera. Con ello, lo que estamos transmitiendo a nuestr@s hij@s es: La imagen que proyectamos a ojos del mundo es más importante que aquello que necesitamos.

La expresión de las emociones es más intensa en los niñ@s; especialmente la tristeza y la rabia. No obstante, es importante tener claro que están aprendiendo, y que necesitan de un acompañamiento y sostén para aprender a gestionar su mundo emocional (sobre todo cuando son muy pequeñitos) y que, en ningún caso, sus formas tienen nada que ver con fastidiarte o querer dejarte en ridículo. El problema aquí aparece cuando el adulto también tiene una dificultad a la hora de expresar sus emociones; esto último tiene que ver con lo que aprendimos de pequeños y de lo cual hablábamos en la primera parte del artículo.

Así pues en muchas ocasiones, se nos ha enseñado a bloquear lo que sentimos, de modo que, muchos de nosotr@s acabamos creciendo con ese miedo a ser castigados, juzgados y/o menospreciados; sensaciones y sentimientos que, inconscientemente, acabamos transmitiéndoles a nuestros hij@s de forma automática. Precisamente porque hay una tendencia a repetir patrones que tiene que ver con el cómo nos educaron de pequeñit@s.

Expresar lo que sentimos es una necesidad totalmente lícita. Cada vez que “cortamos” su expresión, lo que estamos haciendo es bloquear su pulsión innata; estamos negando una parte esencial de ell@s mism@s. De ahí la importancia de nombrar y validar aquell@ que les está pasando y estar disponibles para acompañar esa emoción; evitando emitir juicios y/o adjudicarles etiquetas (“llorón”, “sensible”…): “Cariño, veo que estás enfadad@, ¿puedo hacer algo por ti?, ¿Qué necesitas?…”.

Con la empatía es más fácil estar presentes y acompañar.

Por tanto, te invito a aprender más de (/con) tus hij@s en cuanto a expresión emocional. Ell@s son el camino hacia la liberación y el “dejar ir” de muchas de las cosas que aprendimos de pequeños y que, realmente, no nos sirven más que para seguir haciéndonos daño a nosotr@s mism@s.

Entiendo que, a veces, sea difícil adoptar esa posición precisamente por lo que, como adultos, nos mueve encontrarnos con situaciones de esta índole: Estrés, descontrol, no saber cómo. Por eso, te invito a contactar contigo mism@ y darte cuenta de lo que necesitarías tú en su lugar cuando estás transitando por algo parecido. Ell@s también tienen derecho a sentirse mal e incómodos igual que tú. De ahí la importancia de brindarles presencia, cariño y sostén emocional.

Sigrid Fadrique

Psicóloga Clínica y Terapeuta Gestalt especializada en Infantil – Juvenil, Terapia Familiar y Maternidad Consciente. Más sobre Sigrid Fadrique