Las dos preguntas clave que debemos hacernos sobre las «Rabietas»

Ana Belén León

Psicopedagoga especializada en maternidad , crianza y educación positiva. Asesora de porteo.

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El tema de «rabietas» y límites nos trae de cabeza a todos los padres y madres. Gran cantidad de familias acuden a sesiones y talleres conmigo para plantearme sus dificultades para abordar las rabietas, los gritos, el reclamo de atención…

Me piden “trucos” para conseguir que sus hijos les hagan caso y sean obedientes. Muchos utilizan métodos punitivos como el castigo para conseguirlo, pero cuando nos ponemos “manos a la obra” y trabajamos sobre ello, les planteo dos preguntas clave para poder empezar a reflexionar sobre todo ello:

1. ¿Por qué crees que tu hijo se comporta así?

Plantearse las razones del mal comportamiento en los niños es imprescindible para abordar esa actitud y redirigirla de forma positiva.

Imagina un iceberg. Lo que vemos es la punta, pero debajo del iceberg hay mucho más. Esta imagen ayuda a comprender que lo que vemos, la punta del iceberg, es lo que consideramos el “mal comportamiento” del niño, y todo lo que hay debajo es realmente lo que tenemos que descubrir y en lo que tenemos que trabajar para mejorar, porque hay una cosa clara:

Tras un “mal comportamiento” hay mucho malestar y el niño lo muestra de la manera que sabe y puede.

Para entender porque decimos que es la manera en la que el niño/a sabe o puede, definiremos qué es una rabieta:

La “rabieta” es la forma que el niño/a, entre los 2 y 5 años, tiene para expresar su enfado, ira, rabia o frustración por medio de gritos, golpes, patadas, llantos… Es una forma errónea, a ojos del adulto, de expresar esas emociones, pero es la única que conoce por la inmadurez de su cerebro.

Cuando nuestro/a hijo/a tiene una “rabieta”, los ma(pa)dres tenemos diferentes reacciones. Algunos/as lo tomamos como algo personal y como si el niño/a hiciera esto para fastidiarnos, otros/as entramos en pánico y hacemos lo que sea para que deje de gritar, llorar y patalear, otros/as… Hay tantas reacciones como ma(pa)dres existen, así que, para ayudaros a comprender y gestionar esos momentos de tensión con vuestros/as hijos/as vamos con la siguiente pregunta/reflexión:

2. ¿Qué quiero conseguir yo cuando le digo que me obedezca o cuando le castigo?

En ocasiones, los ma(pa)dres tendemos a pensar, consciente o inconscientemente, que el hecho de que nuestr@s hij@s expresen emociones como el enfado, la rabia o la ira es algo negativo y por tanto, tratamos de que no se produzca, o bien reprimiendo esas expresiones emocionales, diciendo al niño/a “no llores”, “no te enfades…” o bien, cediendo ante su petición para que no “monte el espectáculo”. Evitar lo que culturalmente llamamos “rabieta” no ayuda a que el niño/a aprenda cómo gestionar esas emociones, lo que le ayuda, es ser acompañado/a y acogido/a desde el afecto y unos límites realistas llevados a cabo desde la afectividad, la firmeza y el respeto.

Ana Belén León

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