Iliana París

Psicóloga Clínica con formación en terapia de pareja, familia, maternidad, paternidad y crianza.

La Importancia de la Tribu

Existe una tribu africana, al suroeste de Nigeria, llamada Yoruba (yorùbá según su propia ortografía). Es un grupo etnolingüístico muy antiguo con una cultura muy interesante. Evidentemente su visión del mundo dista bastante de la de cualquier cultura occidental y, en este sentido, quiero hablar de tres palabras de los yorubas que nos permiten entrever cómo conciben ellos la crianza.

¿Os imagináis que el castellano pudiese englobar tres conceptos tan diferentes en nuestras mentes modernas como lo son la Tierra, el hogar y la familia?

Ilé quiere decir en yoruba: Tierra, casa y familia, y además no son conceptos diferentes sino variaciones de una misma cosa. La Tierra como el hogar primigenio de la humanidad, la casa como el lugar en la Tierra que hemos construido para refugiarnos, y la familia como nuestro refugio emocional en el cual crecemos. Y he aquí otra salvedad importante: cuando los yorubas hablan de su familia no se refieren a su “familia nuclear”, o no sólo. Un Ilé es un clan, hace referencia a un grupo de personas que comparten el mismo linaje –sanguíneo o espiritual- con jerarquías y funciones delimitadas.

Dentro de la tribu yoruba, si una mujer es lo suficientemente mayor como para ser mi madre, tendría que referirme a ella o llamarla Iya, lo que significa madre. Si un hombre es lo suficientemente mayor como para ser mi padre, tendría que referirme a él o llamarlo Baba, lo que significa padre. Cada niño yoruba sabe quienes son sus m(p)adres biológicos, sin embargo la palabra padre o madre la utilizan indistintamente para cualquier adulto y en este sentido, todos los adultos a su alrededor se convierten en un referente. Y, al mismo tiempo, todos los niños son “hijos de todos”.

Dentro de organizaciones sociales como éstas (los yoruba no son los únicos) es casi imposible encontrar m(p)adres agobiados por las dificultades de la crianza, no existen problemas de lactancia (porque además hay muchos pechos disponibles), el cólico del lactante es algo desconocido porque sobran los brazos para sostener a los niños, los niños pequeños rápidamente entran en la socialización a través del ejemplo de los niños mayores, y las dificultades que tenemos para criar no lo son en la medida en que se cuenta con un grupo y es la tribu entera la que cría.

¿Y porqué estoy hablado de esto? Mi intención no es hacer una apología romántica de las organizaciones sociales aborígenes ni mucho menos, sino más bien transmitir una imagen: criar no sólo puede ser fácil, sino una tarea gozosa cuando se hace en compañía, con apoyos, con referentes, protegidos, etc.

En este sentido Carolina de Olmo nos dice que si los p(m)adres aprendemos a señalar lo que falla en algo iremos avanzando y, al menos dejaremos de colocar la culpa sobre las criaturas.

“El problema no son nuestros hijos, pero tampoco somos nosotros. El problema es una sociedad cuyas exigencias son radicalmente incompatibles con las necesidades de los bebés y también con las de quienes cuidan de ellos.”[1]Se debe tener en cuenta la vulnerabilidad de los niños, sin desmerecer la vulnerabilidad de los m(p)adres y el peso excesivo que recae sobre sus espaldas.

La organización social en la que vivimos no vamos a poder cambiarla, las redes sociales reales –físicas y palpables- que existían hace relativamente poco se han desvanecido: las personas del pueblo, la familia extendida, los vecinos… hemos ido perdiendo el Ilé que otrora tuvimos y los tres momentos en los que se hace más notorio son precisamente cuando la fragilidad nos golpea: en la enfermedad, en la vejez, y en la crianza.

Todas las madres con niños pequeños necesitamos sostén, acompañamiento, solidaridad, compresión y resguardo, y como no tenemos tribu, nos explica Laura Gutman, todas estas peticiones se colocan en nuestra pareja, el padre (u otra madre) de la criatura, y pretendemos que una sola persona nos provea de aquello de lo que sólo nos puede proveer un grupo entero, aquí ya pueden comenzar a aparecer los desencuentros en la pareja…

¿Y qué podemos hacer? Primero entender que el cuidado materno exclusivo rara vez ha sido una opción en cualquier fase de la historia humana, precisamente porque criar en soledad acaba convirtiéndose en una tarea titánica.

No debemos subestimar la mella que puede hacer en nosotras, como mujeres, como madres y como parejas, el sentirnos sin referentes fiables, con dudas sobre lo que tenemos que hacer y lo que no, con el cuerpo adolorido por el cansancio y la soledad de estar criando dentro de cuatro paredes. ¿Qué nos sentimos felices con nuestra criatura? ¡Claro!, pero nadie nos explica la soledad y el hastío que se puede sentir por la rutina de hacerse cargo de un niñ@ pequeñ@.

Si te identificas en alguna de las imágenes que estoy trasmitiendo, mi recomendación es que busques tribu. Hoy en día tenemos la posibildad de acceder a tribus virtuales que tienen la grandísima ventaja de la inmediatez de las respuestas, pero donde los vínculos se diluyen como consecuencia del anonimato. Las tribus 2.0 pueden ser un paso, las tribus físicas son las más importantes. Wowmon maternidad y crianza consciente te ofrece un directorio con la posibildad de acceder a asociaciones, centros y profesionales que te pueden ayudar a transitar tu postparto y tu crianza con apoyos, validando tus vivencias y ofreciéndote la posibilidad de establecer vínculos sociales que te permitan crian en compañía, ¡aprovéchalo!

[1] Del Olmo, C. (2013). ¿Dónde está mi Tribu? Maternidad y Crianza en una sociedad individualista.  Madrid: Clave Intelectual, p. 53

Iliana París

Psicóloga Clínica con formación en terapia de pareja, familia, maternidad, paternidad y crianza.

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