La gran transformación de ser mamá

Os escribo en uno de esos mágicos intervalos de tiempo en que consigues estar sola… o casi. La bebota duerme, mis dos mellizos estan comiendo en casa de la abuelita y mi pareja a punto de llegar del trabajo. Uf! parece que ayer alguien estuvo trasteando por el escritorio porque mi mano se acaba de quedar enganchada a alguna substancia  que no sabría determinar… Vamos allá!

Cuando Luna sugirió si a alguna mamá de las que compartimos espacio virtual en maters emprendedoras le gustaría escribir y compartir su experiencia sobre la maternidad me lanzé! Me encanta escribir y desde que soy madre también me encanta compartir mis pequeñas victorias y mis grandes fracasos del dia a dia; porque esta aventura de ser papá o mamá es la mas dificil pero también la mas reconfortante, no creeis? Incluso para los que tenemos formación y experiencia en el ámbito de la infancia es todo un reto día a día.

En mi caso, soy técnica de infancia en la Generalitat de Catalunya y trabajadora social y psicóloga de formación, tener hijos me ha confrontado con muchísimas cosas, también con mi trabajo y mi formación, me ha hecho replantear casi todo, mi vida entera diría. Y es normal que sea así. Sin entrar en detalles un montón de estudios han puesto ya de manifiesto que el cerebro de la madre cambia con la maternidad y el mío no iba a ser menos…

Bromas aparte os cuento: Soy madre de tres hijos maravillosos. De mi primer embarazo nacieron los mellizos Ramon y Vinyet y cuando ellos tenían 5 años (hace 6 meses) nació la pequeña Sara, la muñeca de la casa y el bebé que me ha hecho reconciliar con esta primera etapa de crianza tan bonita i intensa pero tan dura cuando se trata de criar a dos bebés a la vez. Una gran amiga científica y sensible a la vez me dijo al enterarse de que estaba embarazada de nuevo: – Pide y el universo te concederá. Tanto me había quejado de no poder atender como quería a mis dos hijos mellizos, de no poderlos coger lo suficiente, abrazar lo suficiente, tantas veces los tuve que dejar llorando sin quererlo que la vida me hizo este regalo precioso y único, un nuevo ángel al que decidimos entre todos llamar Sara. Una bebé que me ha hecho vivir la maternidad de una forma totalmente diferente: tranquila, pausada, sin prisas y con mucho respeto.

Respeto por los tiempos, por las necesidades, por la pròpia realidad de un ser tan mágico, pequeño y vulnerable.

Y esto es justamente lo que os quería transmitir en este primer post.

Si sois mamás por primera vez y os invaden las dudas y los miedos estar tranquilas y pensad que vuestro bebé necesita sobretodo amor, respeto y mas amor.

No os agobies por lo que os digan que tiene que hacer o se supone que tiene que pasar. Cada bebé tiene sus tiempos, cada uno es único y especial. Escuchar vuestro corazón y el suyo, cerrar los ojos un momento y pensar que todo pasa: las noches sin dormir, los cólicos, el dolor de espalda… todo pasa y a la vez empieza una nueva etapa maravillosa y intensa.

Y si sois mamás por segunda, tercera, quarta vez… lo mismo. Vuestros hijos – ya lo sabeis – solo necesitan amor, respeto y mas amor.

Que esteis a su lado y que sepais dejar de estarlo en el momento oportuno, que os sientan cercanas pero sepan ser libres, que se conviertan en un árbol maravilloso con profundas raíces y ramas muy altas con sueños muy grandes.

Eso, tan solo eso. Amor y comprensión, respeto y tiempo. Parece sencillo pero no lo es tanto. Nuestra sociedad nos empuja a un modelo de maternidad desnaturalizado. Las madres debemos volver al trabajo a las 16 semanas del nacimiento de nuestros bebés (antes de los 4 meses de vida) una barbaridad y un maltrato a la madre y al bebé ya que ni la primera se ha recuperado aún ni el segundo puede estar sin su madre y referente principal.

A partir de ahí todo son prisas: para que coma, para que duerma… para que sea mayor. Y ante eso debería estar el respeto profundo de la sociedad por la infancia, por su futuro nada mas y nada menos. El respeto por los ciclos naturales de la vida, por la vida.

Pero sea cual sea vuestra realidad lo mas importante siempre será el amor, ese amor incondicional que se conoce con los hijos y que no es comparable a nada mas. Ese amor incondicional es el que debemos transmitir sin fisuras. Eso no quiere decir que no haya que poner límites, imponerse, educar. Quiere decir que te educo, que a veces me enfado, que digo basta, que tengo un mal día pero que siempre, siempre, te quiero.

Esto es para mi la maternidad, esta es la gran transformación. Este camino desconocido y maravilloso que nos hace amar incondicionalmente a otro ser que, como decía Saramago, no es nuestro sino suyo.

Felicidades mamás y papás! Disfrutad cada segundo de vuestros ángeles mágicos!!!!

Raquel Martín