Crisis de lactancia

Cristina Ramiro

Enfermera, Asesora de lactancia y Educadora de Masaje infantil certificada.

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De repente un día tu bebé parece no estar cómodo mamando, aparece una alta demanda de pecho, casi constante. Pide comer todo el tiempo y cuando está mamando además notas un comportamiento diferente. Empiezas a cuestionarte tu lactancia. Pero no sólo te lo cuestionas tú. A tu alrededor, quien observa la situación te regala comentarios y consejos: “ese niño tiene hambre”, “a lo mejor tu leche no alimenta”, “quizá le tienes que meter biberón”, “acaba de comer, no puede tener hambre”.

Probablemente estés ante lo que se llama “un brote o crisis de crecimiento”. Es un momento de alto riesgo de destete precoz, o de iniciar de forma innecesaria una lactancia mixta.

¿A qué se debe esta situación?

Los bebés están en constante crecimiento, y a veces tienen que hacerlo a una velocidad muy rápida. Ante este crecimiento, necesitan aumentar la ingesta de leche, la cantidad de comida. ¡Enhorabuena! Tienes dos glándulas mamarias que por sí solas saben responder a esta necesidad. La lactancia funciona así, tanto demanda el bebé, tanto produce la glándula. Pero no es inmediato, y tu cuerpo tiene que interpretar esa señal para ponerse a trabajar. Tras varios días de mayor demanda y más tomas, el pecho se regula y la situación se normaliza, porque se ha ajustado a la nueva necesidad de tu bebé.

Más tomas: mayor es el número de veces que la hipófisis (glándula que tenemos alojada en el interior del cerebro) es estimulada para producir prolactina (hormona que fabrica la leche) y oxitocina (hormona que hace salir la leche al exterior al “exprimir” los conductos galactóforos).

Más succión y más continua: el bebé pasa mucho tiempo al pecho, tanto, que notas que tus pechos están “vacíos”, blandos. En este momento entra en juego la acción (o inacción) del FIL (Factor inhibidor de la lactancia). Se trata de una proteína que está presente en la leche materna y regula la producción en función de cuánta cantidad de leche haya alojada en el pecho. Si la mama contiene leche que el bebé no se toma (cuando se establecen horarios, se dan suplementos no indicados, etc…), por tanto habrá FIL dentro del pecho, y ese FIL está diciéndole a la hipófisis que no libere prolactina, pues no hace falta producir leche, ya que nadie se la está tomando. Es decir, a más leche contenida en el pecho, más FIL, lo que resulta en la inhibición o descenso de la producción.

Si las tomas son muy frecuentes como ocurre en los brotes, y los pechos están “vacíos” o contienen poca leche almacenada, por tanto no hay FIL en ellos, y se segrega prolactina para que la glándula trabaje a destajo produciendo más leche. En definitiva: hay poca leche contenida, poco FIL, no hay inhibición en la producción, por lo que se produce más y más rápido.

Como ves, todo está pensado para que sea el bebé quien dirige la cantidad de leche que el pecho fabrica. Tu cuerpo responde a sus órdenes. Por ello, los momentos de brote de crecimiento son un mecanismo que tiene el bebé para asegurar su crecimiento dando órdenes al cuerpo de la madre para que se adapte a sus necesidades en cada momento. ¡Mágico y perfecto, ¿no?!

Hay varios brotes de crecimiento a lo largo de la lactancia

Sabemos que son brotes de crecimiento porque la mayoría de los bebés desarrollan la misma actitud en edades similares, aunque puede ocurrir en cualquier momento, pues cada bebé es diferente. Los más señalados son:

  • Entre la 2º y 3º semana de vida. Estos son momentos muy críticos, pues aún se está estableciendo la lactancia en muchos casos, es más probable que dudes de tus capacidades, y te asalte el miedo de pensar que tu bebé no tiene suficiente y necesita fórmula artificial. Además es época de visitas de familiares a casa que van a afianzar esos pensamientos, ante su desconocimiento y con comentarios bienintencionados. Esta crisis suele durar un par de días o alguno más, antes de volver a la normalidad. Atiende a sus demandas y confía en tus capacidades. Ver que tu bebé hace pis, caca, y gana peso, te ayudará a saber que todo va bien, a pesar de la mayor demanda y su cambio de actitud.

La intimidad y dedicación al bebé sin espectadores y opinólogos en estos días tan sensibles para la díada mamá-bebé, son cruciales, y la pareja o una persona de referencia que los proteja de ello y apoye a la madre es fundamental.

  • Al mes y medio. Este bebé ya es capaz de decirnos más cosas y puede mostrar conductas como tironear del pezón, llorar mientras mama, arquearse, pelearse con el pecho. Esto se une a un leve descenso en la velocidad de incremento de peso que nos puede dar más aún la razón en nuestro miedo. Para colmo, el bebé de un mes y medio ya no suele hacer cacas en cada toma, pues ese reflejo gastro-cólico (hacer caca cada vez que come) tiende a desaparecer. Puede hacer 1-2 cacas al día, e incluso no hacer en varios días. Todo parece ponerse de acuerdo para hacernos pensar, una vez más, que nuestra teta no es suficiente. Lo que seguro que sigue ocurriendo, es que el bebé continúe haciendo abundante pis mojando al menos 5-6 pañales diarios con una orina clara. De nuevo, esto nos sirve para saber que sí, se está alimentando correctamente, y que está pidiendo las veces que necesita para cubrir ese pico de crecimiento a la vez que le dice al pecho que aumente de nuevo el volumen de leche.
  • A los 3 meses. Esta es quizá la peor de las crisis de lactancia de todas. ¿Por qué?
    • Coincide con la proximidad de la incorporación al trabajo de la madre en muchos casos, por lo que se une a la idea de “tengo que ir destetando para poder trabajar, pues lactancia y trabajo son incompatibles”.
    • Cambio brusco en el comportamiento del bebé por ser una edad hito en el desarrollo psicomotor. De repente descubre el mundo y empieza a interactuar con él, se pone a mamar y se distrae, se suelta, se pone, se suelta. Ya no se queda siempre dormido al pecho, lo que antes nos venía muy bien porque nos servía para saber al menos que se había quedado satisfecho.
    • El pecho ahora ya no produce leche como antes, sino que la fabrica cuando el bebé mama. Este proceso de secreción y salida de la leche hacia su boca (reflejo de eyección de la leche), puede tardar un par de minutos desde que empieza la succión hasta que la leche empieza a fluir. “¡¿Pero qué pasa?! Se pregunta el bebé, ¡Esto antes era más rápido!”. Y se enfada, comprime la teta, tira y succiona con fuerza. Otra vez, ¡todo se alinea para indicarte que tu leche ya se acaba!. Cuando se entiende lo que está pasando, es una gran ayuda para superar estos momentos.

Intentar que el bebé no esté muy hambriento al mamar ayuda a que se enfade y se impaciente menos, realizar compresión mamaria y evadir el estrés para que la oxitocina fluya y la leche salga del pecho con normalidad.  Si además se acerca el momento de volver al trabajo, puedes consultar con una asesora de lactancia tu situación para que te ayude con la gestión de la lactancia si quieres seguir amamantando tras incorporarte a trabajar.

 

  • A los 6 meses. Coincidiendo con el inicio de la alimentación complementaria, puede mostrar menos interés por el pecho porque tenga pasión por otros alimentos, pero también puede suceder que al comer otras cosas, y aumentar su ingesta en sales minerales, demande más líquido a través del pecho. La leche del principio de la toma es más acuosa, y pueden hacer más tomas y más cortas para saciar su sed. Por ello, los bebés que toman pecho a demanda, no suelen precisar agua, aunque una vez que empiezan a comer otras cosas, no está de más que se la ofrezcamos, aunque probablemente prefieran saciar su sed con teta.

Es importante tener en cuenta que durante el primer año de vida, la leche debe seguir siendo la fuente principal de alimento, pues el bebé es lactante. El pecho debe ser el plato principal, y no el postre, como a veces se indica equivocadamente. Entre los 6 y los 12 meses tenemos un periodo de oferta de alimentos diferentes a la leche, y por ello se llama alimentación complementaria, porque complementa la lactancia, pero no la sustituye.

 

  • A partir del año de vida. Puede mostrar menos interés por comer otros alimentos y en compensación querer obtener la energía, proteínas y grasas necesarias a través del pecho, y obtener así el aporte calórico óptimo para su desarrollo y desgaste físico que en este momento aumenta por el gateo activo, el empezar a caminar, y en conjunto un aumento de su movimiento. También hay un descenso en la velocidad de ganancia de peso, debido a ese incremento de actividad física.

En todos los brotes de crecimiento es necesaria la información para entender qué está pasando, descartar otras posibles causas de incomodidad del bebé, y dar tiempo a que el cuerpo haga su trabajo. Si tienes dudas busca un grupo de apoyo a la lactancia o consulta directamente con una asesora de lactancia, IBCLC o enfermera/matrona/pediatra que sepa de lactancia materna.

Cristina Ramiro 

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