Relación entre crianza con apego y desarrollo global sano

Ana Belén León

Psicopedagoga especializada en maternidad , crianza y educación positiva. Asesora de porteo.

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Existe gran cantidad de mitos en el mundo de la maternidad y la crianza en relación a criar con apego. Las profesionales que nos dedicamos al asesoramiento en este ámbito sabemos que algunos recursos pueden ayudar a cubrir las necesidades del bebé de forma más fácil y natural (la lactancia materna, el porteo ergonómico, el piel con piel…) y por tanto, a través de ellos, favorecer el vínculo del bebé con su figura de referencia principal, normalmente la madre. Pero en ocasiones encontramos que existe mucho desconocimiento entre la relación del apego y el desarrollo del bebé.

Cuando un bebé nace, lo hace con una serie de patrones automáticos (reflejos primitivos como el reflejo de succión, reflejo de moro…, que son regidos por el tronco encefálico y le permiten llevar a cabo de forma automática las principales funciones para su supervivencia) Pero para cubrir la mayor parte de sus necesidades (alimentación, higiene, contacto…) requiere del adulto, habitualmente su madre o su padre, algo que el bebé reclamará de la única forma que tiene, a través del llanto.

En función del tipo de respuesta y el tipo de actitud que el adulto dé a esta demanda (una respuesta más sensible o menos sensible a la demanda del bebé), permitirá que este realice un progresivo aprendizaje, si el niño es atendido de manera coherente, sensible y temprana desarrollará una sensación de seguridad y confianza en su madre (y progresivamente en el resto de adultos), esto le permitirá ir desarrollando un apego seguro con su referente, y a la vez sentir que el entorno en el que crece está libre de amenazas.

Por tanto, existe una estrecha relación entre el le apego seguro y el desarrollo sano del bebé.

Cuando el adulto muestra actitudes intermitentes a las demandas del bebé (ahora te atiendo, ahora te dejo llorar…), cuando no hay coherencia en su actitud y su conducta, eso provoca que el niño/a no se sienta confiado en su figura de apego (generando un apego ansioso, evitativo o desorganizado en los casos más graves). Al contrario, sentirá que el entorno que hay fuera del útero materno no es seguro, que debe mantenerse alerta, lo que generará en él tal cantidad de cortisol (hormona del estrés) que le impedirá dedicar todo su interés a aprender y desarrollarse (bajo estrés y miedo no hay posibilidad de aprendizaje). Su prioridad será la supervivencia al encontrarse en un estado de permanente inseguridad (¿ahora me atenderán o no?) esto afectará, no solo a su salud física, sino también psicoemocional, en cualquier etapa de la vida del niño/a (ya que algunos de los reflejos primitivos pueden quedar sin integrarse y dar dificultades en el desarrollo).

Cuando el niño es acompañado en su desarrollo, se le atiende en sus demandas y necesidades, se le acompaña, se le observa, se le escucha, se le respeta en su ritmo individual…, su evolución es progresiva y positiva y por tanto, su desarrollo cognitivo, psicomotor y socioemocional es equilibrado.

Ana Belén León

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