Beneficios del yoga durante el embarazo

Lorenza Micheluzzi

Doula y profesora de yoga prenatal y postnatal.

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El embarazo marca el principio de un camino, el de la maternidad, que nos marca para el resto de nuestras vidas. Lleva consigo grandes cambios y nos pone a prueba de muchas formas: físicamente, mentalmente y también espiritualmente. Y es por eso que el yoga puede volverse nuestro mejor aliado y acompañarnos para que nuestra transformación en madres sea lo más consciente y armoniosa posible.

El primero -y más evidente- es el cambio en nuestro cuerpo. El cansancio típico de las primeras semanas (a veces acompañado de malestar generalizado o náuseas) se debería interpretar como una señal de que tenemos que aflojar, bajar el ritmo. Son momentos que conviene dedicar al descanso y a la introspección, a cuidarse para poder cuidar, a proteger la vida que, apenas sin darnos cuenta, estamos gestando.

La llegada del segundo trimestre, en cambio, suele dejar espacio a una recuperación de la energía y, con ella, suelen volver las ganas de moverse. Otras veces, también, puede que empecemos a notar pequeñas molestias (dolores de espalda, ciática, lumbago…) que nos animan a buscar actividades que las alivien y que, al mismo tiempo, no sean perjudiciales para el embarazo. Pues es en este momento cuando podemos acercarnos a una clase de yoga prenatal y empezar a disfrutar de todo lo bueno que puede aportarnos.

¿Cuales son los beneficios del yoga durante el embarazo?

1. Aumento de la flexibilidad y fortaleza: las ásanas (posturas de yoga) están especialmente diseñadas para liberar el cuerpo de las tensiones y, al mismo tiempo, fortalecerlo, lo cual es exactamente lo que necesita el cuerpo durante el embarazo, de cara al parto y también en preparación para el puerperio. Se trabaja, en especial, para reforzar las piernas, espalda y brazos y se deja espacio para el movimiento libre e instintivo de pelvis y caderas, las grandes protagonistas del cuerpo femenino.

2. Consciencia corporal y de la respiración: antes de preocuparnos de lo bien que nos salen las ásanas o de lo flexibles que seamos, el yoga nos enseña que lo más importante es que haya comodidad y estabilidad en nuestra práctica. Y eso se consigue cuando nos permitimos conocer nuestro cuerpo, cuando dejamos de rechazarlo y aprendemos a escucharle, a no forzar, a reconocer sus ritmos. Cuando aceptamos nuestros límites el cuerpo deja de resistirse y nos permite progresar; la respiración vuelve a su ritmo natural y somos más conscientes de nosotras mismas, aprendiendo a compaginar el movimiento con una respiración natural y acompasada. Eso amplía la confianza en nuestros cuerpos, en nuestras capacidades, en nuestra sabiduría y en nuestro instinto… lo cual es justamente lo que necesitamos las futuras mamás.

3. Relax mental, capacidad de concentración y visualización: cuando estamos en armonía con nuestra realidad física nuestra actitud mental va cambiando, y lo notamos también fuera de la clase, a medida que nuestra práctica se va afianzando. Poco a poco nos resulta más sencillo mantener la atención y dejamos de dispersarnos, sintiendo como el ruido mental creado por los pensamientos, las preocupaciones, los miedos y las inseguridades deja de ser algo que nos arrastra y nos aísla de nuestra realidad presente.

La atención a la respiración, los trabajos de visualización, la práctica de la concentración en los momentos de relax al principio y al final de cada sesión de yoga van creando un hábito y, de manera natural, vamos potenciando nuestras capacidades mentales.

Como profesora de yoga y madre, puedo afirmar que esto es lo que más nos beneficia como mujeres y futuras madres, pues nuestros cuerpos ya están preparados y programados para parir y alimentar a nuestras crías; tan sólo necesitamos darnos permiso y creérnoslo. Y el yoga, que algunos definimos como el arte de vivir, es una valiosa herramienta para conseguirlo.

Finalmente, vale la pena recordar la importancia de elegir una clase especialmente dedicada a las embarazadas, incluso cuando ya somos practicantes desde hace tiempo: nuestro cuerpo está cambiando, nuestra vida va a cambiar por completo y nuestra práctica también necesita adaptarse. Aunque es cierto que se puede practicar en una clase «normal» y, simplemente, evitar las posturas no recomendables durante el embarazo… la verdad es que la clase de yoga prenatal es el lugar ideal para hacer tribu con otras mujeres que están viviendo lo mismo: un espacio no solo para crecer y mejorar como persona, sino también para aprender de las demás, para compartir sentimientos y emociones, donde permitirnos vivir plenamente el milagro de crear vida.

Lorenza Micheluzzi

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