La gran transformación de ser mamá

Os escribo en uno de esos mágicos intervalos de tiempo en que consigues estar sola… o casi. La bebota duerme, mis dos mellizos estan comiendo en casa de la abuelita y mi pareja a punto de llegar del trabajo. Uf! parece que ayer alguien estuvo trasteando por el escritorio porque mi mano se acaba de quedar enganchada a alguna substancia  que no sabría determinar… Vamos allá!

Ese cambio no propuesto

El día en que di a luz a mi hija no sabía los cambios que estaba a punto de experimentar. Si los conocía, tal vez no fuese consciente de ellos, pero no tarde en darme cuenta de que nunca más volvería a ser la misma de antes.

Sencillamente sentir la vida

Ya ha amanecido y por las cortinas se cuelan los primeros rayos de sol. Unos pequeños colibríes trazan una alegre partitura con su animado trinar. En mi regazo está Ella, risueña, iniciando conmigo una coreografía de miradas mientras saborea su delicioso desayuno. Con sus pequeñas manos atrapa no sólo las mías sino mi corazón. Así es la vida que, a ritmo lento y pausado, fluye sin prisas.