Adiós a la familia nuclear

Sigrid Fadrique

Psicóloga Clínica y Terapeuta Gestalt especializada en Infantil – Juvenil, Terapia Familiar y Maternidad Consciente.

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En los últimos años ha aumentado significativamente el índice de divorcios. Se estima que en España un 61% de los matrimonios acaba en separación, quedando como uno de los primeros de la lista, si tenemos en cuenta el resto de países del mundo.

Si a esta ruptura le añadimos la palabra hij@s, el nivel de dificultad y gestión emocional aumenta para los miembros de ese sistema familiar; estos son, papá, mamá e hij@s. Y es aquí dónde empezará la verdadera aventura: El Duelo. La aceptación de que “mi familia se ha roto”. Un hecho que será vivido de forma única para cada uno de sus implicados. No obstante, en muchas ocasiones, el problema aparece en el cómo le damos un lugar a cada una de esas vivencias.

No debemos pasar por alto que, como adultos, nuestro abanico de herramientas para hacer frente a según qué situaciones, sobre todo a lo que separación se refiere, es mucho más extenso que el de un niñ@; quién dice “hacer frente”, dice mirar hacia otro lado.

Pensémoslo: Hay quiénes evitan contactar con el dolor, hay quiénes se regocijan en él, otros ponen el turbo al tiempo para que así pase rápido y la herida cicatrice antes, otros se evaden con distracciones (p, e, televisión, amig@s, trabajo…), etcétera. De formas para evadirnos hay de muchos colores y formas (es lo que se nos transmite de pequeñitos) y más si tenemos en cuenta que vivimos en una sociedad con 0 tolerancia al dolor y a la frustración.

Pero aquí la GRAN pregunta es: ¿Qué pasa con los niñ@s?, ¿Cómo hacer frente a qué papá y mamá ya nunca más van a estar juntos?, ¿Dónde quedo yo como hij@?

Como terapeuta infantojuvenil y miembro de una familia reconstituida, todavía me sorprendo con las sentencias de algunos niñ@s cuando estamos en terapia: “Papá y mamá se han separado por mi culpa”, “si me hubiese portado mejor, seguro que todavía seguirían juntos”, “me duele cuando mamá habla mal de papá…”.

Y es que los niñ@s y su mundo emocional son los eternos olvidados, a pesar de que sufren tanto o más con la separación, que papá y mamá.

Pueden llegar a sentir:

  • Rechazo, inseguridad y frustración ante las peleas de sus padres
  • Resistencia al cambio
  • Deseos de que papá y mamá vuelvan a estar juntos
  • Enfado e irritabilidad
  • Miedo a la pérdida
  • Temor a parecer desleal en cuanto a uno de los progenitores

No debemos pasar por alto que cada niñ@ es un mundo, por lo que, su forma de gestionar dicha ruptura dependerá de cada un@ y su historia; así como del acompañamiento y sustento emocional que se le brinde en ese momento (especialmente por parte de papá y mamá). 

Por tanto, no toda separación supondrá un trauma para el hij@, hay quienes lo viven sin apenas conflicto alguno. No obstante, sí conllevará una transformación para cada uno de (sus) miembros; sobre todo cuando uno de los dos padres decida formar una nueva familia

Es por ello que, si estás leyendo esto y te sientes identificad@ porque estás pasando por este mismo proceso o bien, sabes de alguien conocido/próximo que lo está viviendo, te invito a mirar, observar, preguntar y a reconocer en ti (y en los demás): ¿cómo te sientes?, ¿qué necesitas?, ¿cómo es ese dolor que habita en ti? Sólo podrás empezar a sanar (te) en el momento en el que te des el permiso de poner la mirada en ti.

Sigrid Fadrique

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