9 meses dentro, 9 meses fuera. El periodo de exterogestación.

Ana Belén León

Psicopedagoga especializada en maternidad , crianza y educación positiva. Asesora de porteo.

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En la mayor parte de los talleres que realizo siempre hago la misma pregunta a los padres y madres que asisten: ¿os habéis fijado cómo es un bebé al nacer?“ 

  • Pequeño, frágil, dependiente, vulnerable… suelen decir ellos en general.

Yo siempre cuento la misma anécdota, la primera vez que vi a mi hija al nacer pensé “pero si está sin terminar” era como un bollito que sacas antes de tiempo del horno, os hacéis a la idea ¿verdad?.

Sin duda, el ser humano es el animal que más depende del cuidado de sus padres y madres comparado con el resto de mamíferos. Dependemos para que nos alimenten, necesitamos contacto, cuidados y protección constante durante bastante tiempo, hasta que logramos adquirir un poco de autonomía.

Los papás y mamás primerizos se sorprenden al principio de que el bebé recién nacido les requiera tanto desde su punto de vista como adulto…, para comer, para dormir…, algunas madres comentan a veces “no quiere separarse de mí, si le dejo en la cuna parece que tiene pinchos!!”…

Y es que esto no es casual, es el periodo de exterogestación, un momento que influye tanto en el desarrollo del bebé como en la formación del vínculo y el apego seguro con sus cuidadores principales.

Hasta ahora, se sabía que el periodo de exterogestación se extiende durante los primeros 9-12 meses tras el nacimiento del bebé, pero estudios recientes señalan que no es hasta los 2 años cuando se ha formando el vínculo y el apego con las figuras de referencia, así que, podemos entender que el periodo de exterogestación se extiende hasta ahí, durante los 2 primeros años de vida.

¿Pero qué es exactamente el período de exterogestación?

Se caracteriza porque el niño necesita tener cubiertas sus necesidades de la misma manera que lo hacía dentro del vientre materno de forma natural: alimento y sueño a demanda, contacto y movimiento constante, calor, seguridad y protección.

El bebé humano nace normalmente 266,5 días después de la concepción debido a su cabeza grande y al rápido crecimiento de su cerebro que tiene lugar durante los últimos tres meses en el útero. Se sabe que nuestros ancestros tenían una gestación más larga que la nuestra, pero cuando el ser humano comenzó a caminar sobre los dos pies, la pelvis se estrechó para mantener el equilibrio y eso generó el desarrollo de funciones cerebrales superiores (y el consiguiente aumento del cerebro). Y la naturaleza, que como todos sabemos es muy sabia, estimó que era necesario una reducción del tiempo de gestación, para nuestra supervivencia, ya que si el bebé se quedara en el útero materno más tiempo y su cerebro siguiera creciendo al ritmo que lo hace durante los 9 meses que pasa dentro, la cabeza no podría pasar por el canal de parto sin riesgo para su vida o para la vida de la madre.

Aunque el periodo de exterogestación no solo tiene que ver con un tema fisiológico, en este periodo además, es cuando se va a favorecer la creación del vínculo entre madre y bebé. Existe una necesidad fundamental de contacto físico y atención emocional a las necesidades del bebé, que genera en éste, la sensación de ser importante para su madre y por tanto, le lleva a sentir confianza en el entorno en el que se encuentra tras el nacimiento, de manera que al tener las necesidades más esenciales cubiertas, va a sentirse plenamente confiado para explorar el mundo y aprender de cada experiencia.

Por tanto, para que el desarrollo del bebé sea sano es imprescindible cogerle, tocarle, mirarle, hablarle, que nos sienta piel con piel, acunarle y mecerle con nuestro cuerpo y ofrecerle nuestra presencia consciente como adulto referente, todo esto es fundamental para el bebé. En ese periodo de exterogestación es necesario ofrecer al bebé la oportunidad de que conozca el entorno en el que ha nacido y que lo sienta seguro, de forma que dormir sea una experiencia agradable para él, el momento de tomar pecho o biberón una experiencia no solo nutritiva sino socioemocional donde mirar a los ojos al bebé, hablarle, sonreírle… es parte de esa necesidad de nutrirle física y emocionalmente.

¿Tanto contacto y atención no es mal acostumbrarle?

El bebé no se acostumbra a los brazos ni a la atención de sus necesidades básicas, lo necesita para que su evolución sea sana, para que el apego que se desarrolle con sus figuras de referencia sea seguro…

¿Y si el bebé no vive en estas condiciones?

El bebé que NO vive su periodo de exterogestación en estas condiciones favorables, tendrá que estar alerta para poder sobrevivir y no podrá dedicar su energía a explorar, a aprender, a descubrir…, porque necesitará poner todo su afán en ser atendido de la manera que pueda, de manera que su desarrollo se verá negativamente afectado, incluso llegando a causar daños en la salud física y mental que darán la cara no solo en la infancia, sino también posiblemente en la adolescencia y la edad adulta.

Por tanto, este período de “cuidados intensivos” es de vital importancia para el sano desarrollo de nuestros hijos y depende solamente de nuestra actitud favorecedora que esto sea positivo para ellos.

Ana Belén León

Psicopedagoga especializada en maternidad , crianza y educación positiva. Asesora de porteo.  Más sobre Ana Belén León