5 mentiras sobre la lactancia que tienes que saber

Cristina Ramiro

Enfermera, Asesora de lactancia y Educadora de Masaje infantil certificada.

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Todavía hoy escuchamos comentarios y creencias sobre algunos aspectos de la lactancia materna que no son ciertos, pero esos “comentarios inocentes” pueden poner en peligro la duración y disfrute de la misma en muchas familias, y con ello, la salud del binomio madre-hijo.

¿De dónde proceden esos mitos?

Generalmente son creencias que se adquirieron durante la época de mayor auge de la lactancia artificial, hasta que la OMS y UNICEF consiguieron regular la publicidad y los mensajes que se transmitían a las mujeres que amamantaban con la publicación del Código de comercialización de sucedáneos de leche materna. Estos mensajes tuvieron por finalidad desprestigiar los beneficios de la lactancia materna y ensalzar los de la leche artificial, o en el mejor de los casos, poner a ambas en igualdad, con la comodidad de los horarios (el “cada 3 horas”) y el control sobre la cantidad exacta que tomaba el bebé, que aportaba la lactancia artificial.

¡Seguro que has oído más de uno! A ver cuál te suena…

Mito 1: cada 3 horas, 10 minutos en cada pecho

No todos comemos la misma cantidad ni a la misma velocidad. Los bebés tampoco. La lactancia materna no tiene horarios ni duración. Es el bebé quien demanda y pide el pecho cuando lo necesita, y esto debería ser entre 8-12 veces al día de media. Por supuesto, podrían ser más. Sobre todo al principio, un bebé puede pedir incluso cada hora, y todo estar perfectamente.

¿La razón? El binomio bebé-pecho tienen una forma de comunicarse entre sí: con la demanda del bebé. Es la única forma que tiene el pecho de saber cuánta leche tiene que producir, en función de las necesidades de cada bebé: con su succión y su forma de extraer la leche. Por ello, ¡dejémosles hablar!

Mito 2: como en los primeros días aún no ha subido la leche, hay que dar al bebé leche artificial

A partir de la semana 25 de embarazo aproximadamente, la glándula mamaria comienza a producir calostro. Alguna mujeres pueden incluso notar que unas gotitas doradas asoman por el pezón. Por lo tanto, si el bebé nace antes de tiempo, ya podrá iniciar la lactancia, que además es pura medicina para él.

Durante el embarazo la producción de leche está frenada por las hormonas predominantes como los estrógenos y la progesterona. Una vez finaliza el embarazo y se alumbra la placenta, entran en acción otras hormonas como la prolactina o la oxitocina.

El calostro se produce hasta aproximadamente 72 horas tras el parto (mientras desaparece el efecto de las hormonas que mantenían frenada la producción láctea), momento a partir del cual se va produciendo leche de transición hasta los 15 días postparto, para posteriormente dar paso a la leche madura.

El estómago de un recién nacido puede albergar aproximadamente un volumen de entre 5 y 10 ml, por lo que el calostro es más que suficiente. El “todavía no tengo leche” es una creencia errónea.

Es menos calórico y menos graso que la leche de transición y la leche madura, por lo que su digestión será muy rápida y por ello las tomas son muy frecuentes. Tu bebé puede pedir mamar prácticamente a cada hora, y esto es lo que debe ocurrir. Él le está diciendo a tu pecho que ha llegado, y con su demanda le estimula a que la producción siga en aumento.

A medida que pasan los días y va aumentando su tamaño gástrico, también lo va haciendo el volumen de leche que produces. Todo está diseñado a la perfección.

Así que no, tu bebé no necesita leche de fórmula porque en los primeros días no haya leche. Hay leche, el calostro es leche, y muy valiosa.

Contiene una elevadísima concentración de anticuerpos llamados Inmunoglobulina A y van a tapizar su intestino junto a bacterias intestinales “buenas”, que formarán su flora intestinal, protegiéndolo contra múltiples enfermedades infecciosas y enfermedades crónicas. Interrumpir este proceso altera la formación de su sistema inmune o de defensa.

Mito 3: en las cesáreas, la leche tarda más en subir

El estímulo que desencadena el inicio de la producción láctea tras el nacimiento del bebé es el desprendimiento de la placenta o alumbramiento (la salida de la placenta al exterior tras nacer el bebé). Como ya hemos explicado, durante el embarazo, la placenta ha estado segregando hormonas (estrógenos, progesterona) que mantenían “dormidas” a otras hormonas (prolactina).

La placenta se desprende del útero igualmente en el parto vaginal que en la cesárea, por lo que el hecho de que tu bebé haya nacido por cesárea no implica que la leche tarde más en subir. La diferencia es que en el parto la placenta se desprende espontáneamente con las contracciones (o a veces dirigida con oxitocina), y en la cesárea la extracción es manual por parte del ginecólogo/a. Pero esto último no influye en el inicio de la producción láctea.

El problema del inicio de la lactancia en estos casos viene dado por la separación mamá-bebé, pues la madre es llevada a reanimación durante mínimo 2 horas, el bebé va a neonatología, y en el mejor de los casos, es puesto piel con piel con la pareja.

Se recomienda iniciar la lactancia dentro de esas dos primeras horas postparto, y si es en la primera hora mucho mejor. Ese inicio se ve interrumpido por esa separación, y es eso lo que podría no ser óptimo para la lactancia, pero no la cesárea en sí.

Si tu bebé y tú debéis separaros por razones médicas, puedes optar por iniciar precozmente la extracción manual de calostro para que puedan ofrecérselo en tu ausencia y que así tu pecho empiece a estimularse.

Mito 4: se me retiró la leche de un disgusto

Algunas de nuestras madres cuentan que tras un disgusto importante, dejó de salirles leche.

Imagina una hormona muy tímida y sensible. Se llama oxitocina, y aparece en momentos de amor, vinculación, relajación, despreocupación. Es la misma hormona que segregamos durante el sexo, o situaciones de enamoramiento. En la lactancia, es la encargada de que la leche salga al exterior del pecho cuando el bebé se pone a mamar. Al estimular el pezón, da la orden para que la oxitocina entre en acción y contraiga los pequeños músculos que rodean los conductos por los que sale la leche. Al comprimirlos, los “exprime”, y produce que la leche salga al exterior con el reflejo de eyección lácteo (muchas mujeres ven los chorros de leche salir del pecho cuando ocurre).

Como te decía, es una hormona muy tímida, y se acobarda y esconde cuando la adrenalina entra en acción. Esto sucede en situación de estrés, ansiedad, o lo que esas mujeres llamaban “un disgusto”.

¿Qué estaba ocurriendo? Que la oxitocina no estaba ejerciendo su papel en la producción y eyección láctea y creyeron haberse quedado sin leche, pues posiblemente el bebé se ponía a mamar y no extraía leche o extraía menos, y ellas notaron sus pechos blandos y diferentes.

Mito 5: mi leche era agua y no le alimentaba

La composición de la leche materna varía de forma constante. Por ello decimos que es producto VIVO y DINÁMICO. Varía a lo largo del postparto, a lo largo del día, a lo largo de toda la lactancia, dure lo que dure, pero también a lo largo de una sola toma.

Si extrajeras leche y la dejaras reposar, verías que el resultado es un líquido blanco semitransparente, con una capa más blanca o amarilla flotando arriba, como agua y aceite.

Esto se debe a que al inicio de la toma la leche es más transparente, porque es más acuosa, en mayor volumen, y más rica en lactosa, y proteínas como la lactoferrina. A medida que avanza la toma, se va tornando más blanca, más rica en caseína (proteína que le da el color blanco), grasas, y vitaminas liposolubles. Cada una de las partes, por separado, son igual de valiosas.

La “leche aguada” y que no alimente no existe, es un mito más que llevó a muchas mujeres en años pasados al destete y el inicio de la lactancia artificial

¿Conoces alguno más? ¿Dudas de si alguna creencia es cierta? Hablemos!

Cristina Ramiro 

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